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Lo público y lo privado

Una de las consecuencias del crecimiento incontrolado de Rocafort es que se ha puesto difícil aparcar. Esta es una de las razones –aparte de la conservación del casco histórico- por las que hay que ser muy estrictos en el cumplimiento de las normas urbanísticas. Éstas fueron hechas precisamente para evitar un crecimiento que acarreara el deterioro de la calidad de vida de los ciudadanos de este pueblo.
Cuando las cosas están así, gracias al PP local, hay que tomar como un insulto que los miembros del gobierno municipal hagan “caso omiso” de la señal de prohibido el paso que hay en la entrada de la zona peatonal que da acceso al edificio del Ayuntamiento y del Polideportivo. ¿Tienen un salvoconducto especial?
Y resulta bochornoso que miembros del PP local –sin cargo público alguno- usen impunemente el aparcamiento oficial reservado al Ayuntamiento. Bochornoso e indignante.
¿Cosas sin importancia? Son importantes porque revelan un modo de entender lo público: si yo gobierno, puedo hacer lo que quiera. Y los de mi partido, también. Este es el criterio que parece guiarles.

Y por dejar el coche mal aparcado, 90€ de multa: en Valencia, por la misma infracción, 60€.
Aquí, primero llenan el pueblo de coches. Luego, si no hay sitio para aparcar, la consiguiente multa.