Como estaba previsto, ayer se celebró el pleno extraordinario a las 9 de la mañana. Pero nada sucedió como la alcaldesa en funciones (Carla Navarro) había informado a los concejales de la oposición que sucedería. Cosa que, por otra parte, no habría de sorprendernos porque ya sabemos quién es ella “y a qué dedica su tiempo libre” (como dice la canción de Perales)
Nos explicamos. Carla Navarro anunció el martes por la noche a los portavoces de la oposición que propondría en un pleno extraordinario que convocaría para el día 8 (el pasado viernes) la solicitud de una subvención, cuyo plazo finalizaba el día siguiente, o sea, hoy sábado. (Lo que indica, entre otras cosas, una falta de planificación absoluta: ¡hay un mes para pedir una subvención, y se resuelve 24 horas de que termine el plazo!)
Esa noche -la del martes 5- Carla entrega a los portavoces un documento que contiene las obras que propone solicitar y su valoración económica. Repasemos: otra pista de pádel, y el arreglo de diversas instalaciones deportivas que se encuentran en un estado lamentable debido a la inexistencia de mantenimiento durante los últimos 8 ó 10 años.
No contempla, sin embargo, el césped para el campo de fútbol, ni la reforma y mejora de los vestuarios del polideportivo y de los del campo de fútbol, que como todo el mundo sabe se encuentran en una situación lamentable y vergonzosa.
Valoración económica: más de 110 mil euros. Aportación del ayuntamiento: 11 mil euros. Llegada del 90% restante, procedente de la Diputación y de la Generalitat, si se concede: ni se sabe (cualquier año comprendido en el quinquenio 2007-12). Inicio de las obras, si se concede la subvención: ni se sabe. Colocación de carteles anunciando “futuras obras subvencionadas”: en cualquier momento antes de las póximas elecciones municipales.
El jueves por la tarde, ella misma acude al lugar de trabajo del portavoz socialista y le anuncia que ha cambiado de opinión y “lo he cambiado todo”. O sea, que la información de la que disponía el portavoz no servía de nada.
El viernes 8, apenas un rato antes del pleno, informa a los concejales socialistas que ha decidido cambiar el tipo de solicitud de subvención, y que se pedirá la que obliga a una aportación municipal del 33%, y un 66% de las otras instituciones. Mantiene la misma obra que en la anterior pero añade el cubrimiento de pista polideportiva (?) -no explica cuál-, y ¡oh, sorpresa!, todas las obras realmente necesarias que nuestro portavoz le había señalado durante la primera reunión.
Valoración económica: más de 420 mil euros. Aportación del ayuntamiento: 120 mil euros, (¿de dónde?, nos preguntamos).
Preside el pleno, con la ausencia del alcalde y del concejal de deportes -detalle éste que tiene su importancia- e inicia un discurso teñido de citas a la responsabilidad política y de gobierno; afirma -sin ningún rubor- que “este Ayuntamiento gobierna para las minorías y para la mayoría” (sic); repite machaconamente la palabra “ciudadano”, y no duda en hablar de su “celo personal” porque la oposición dispusiera de la información necesaria (suele olvidar con frecuencia que la oposición también forma parte del ayuntamiento y que tiene los mismos derechos de acceso a la información, cosa que a ella le pone bastante tensa; por eso tuvo que explicárselo un juez en una sentencia firme que obliga al grupo de gobierno municipal del PP a entregar la información que le solicite la oposición).
Durante su intervención repite una y otra vez que “en este momento sólo estamos pidiendo la subvención, y que las obras ya las decidiremos más adelante entre todos”. Y sigue: “estoy dispuesta a sentarme y negociar con los miembros de la oposición las obras y de la ubicación de la pista de pádel se tiene que hablar porque es verdad que hay muchos vecinos que están en contra de la ubicación, pero no están en contra de que se construya”. Ha elaborado un discurso que trabuca la realidad, manipula los hechos y que pretende confundir a quien, ajeno a la gestión municipal, pueda escucharlo.
Carlota miente. Otra vez. Lo sabemos quienes hemos aprendido a reconocer en su semblante un gesto apenas perceptible que le endurece la mandíbula al tiempo que le dispara la mirada sobre un hombro.
Está visto que su altivez no resiste el disfraz conciliador y respetuoso que le obligan a vestir en vísperas electorales. Muchos ya sabíamos que su desfachatez no tiene límite.
Últimos comentarios